Dejar hablar a la materia
Siempre es un placer visitar Art Gallery & Studio de Caterina Roma, en una antigua masía medieval de Púbol, el Baix Empordà. A menudo, el placer es doble porque programan muestras que afinan la mirada. Es lo que nos ocurrió al visitar Fer gravat. No hi ha gest sense tècnica, ni idea sense matèria, impulsada por la propia ceramista, Caterina Roma, en colaboración con la Galería Artur Ramon, la Galería Prats Nogueras Blanchard y Polígrafa Obra Gràfica.
Una discreta exposición que ponía en diálogo obras de artistas como Salvador Dalí, Joan Brossa, Antoni Tàpies, Eduardo Chillida, Jordi Alcaraz o Regina Giménez, entre otros. Pero, sobre todo, enlazaba la técnica de la cerámica con la del grabado por compartir, según la tesis de la exposición, una misma filosofía creativa y un vínculo similar con la materia.
En nuestro estudio convivimos cada día con la madera, la piedra, la cal, el lino, el hierro, la cerámica… Sabemos que ningún material es neutro porque cada uno posee una textura, una temperatura, una memoria y una forma distinta de relacionarse con la luz. De ahí que siempre expliquemos que nuestro trabajo no consiste únicamente en elegirlos, sino en comprender su naturaleza y permitir que expresen todo su potencial allí donde van a residir.
Esta es la idea que subrayaba esta exposición. Más allá de reunir obras de distintas generaciones, establecía una conversación entre disciplinas que comparten una misma manera de crear como son el grabado y la cerámica. En todas ellas hay conocimiento técnico, paciencia y también una cierta renuncia al control absoluto. Porque el resultado no depende solo del artista, también intervienen el barro, el papel, la tinta, el metal o el fuego. En el mismo sentido, la materia es más que un soporte porque participa, transforma y, a veces, acaba teniendo la última palabra o gesto de la obra.
Esta mentalidad nos acompaña cuando proyectamos un espacio. Los interiores más serenos no nacen de acumular piezas extraordinarias, sino de escuchar lo que cada material puede aportar. Hay maderas que piden silencio, piedras que reclaman luz, tejidos que invitan a bajar el ritmo y cerámicas que conservan la huella de las manos que las moldearon. Esa autenticidad, imposible de reproducir ex profeso, es precisamente la que nos emociona.
Quizá por eso seguimos creyendo que el verdadero lujo no reside en la perfección, sino en la honestidad de los materiales y en su capacidad para envejecer con belleza. Frente a la producción en serie y la inmediatez, Fer gravat reivindica el valor del tiempo, del oficio y de la imperfección. En un mundo cada vez más acelerado, dejar hablar a la materia es, también, una forma de escuchar el alma de las cosas.