Arte

Cuando el espacio genera emoción.

Creemos que hay exposiciones que se visitan y otras que se experimentan, y la dedicada a Mark Rothko en el Palazzo Strozzi de Florencia pertenece a esta segunda categoría. Lo extraordinario no son únicamente las más de setenta obras reunidas, cedidas por museos de la talla del MoMA, la Tate o el Centre Pompidou, sino la manera en que la exposición ha sido concebida. A nuestro modo de ver, más que explicar a Rothko crea las condiciones para sentirlo.

Según leemos en la exposición en el céntrico Palazzo Strozzi, esta exposición se ha creado específicamente para este palacio renacentista con la intención de establecer un diálogo entre la pintura del artista y la arquitectura, la luz y la espiritualidad del Renacimiento que tanto le marcaron. Por eso, y como interioristas, lo primero que nos llama la atención no son los cuadros, sino el espacio que los rodea como un ejemplo de que el protagonismo no siempre se consigue a base de añadir, sino también en saber ceder este protagonismo y desaparecer.

La iluminación de la exposición es contenida, precisa y casi silenciosa porque más que sorprender, lo que busca es que los pigmentos respiren. Las paredes renuncian a cualquier gesto que compita con la obra y las distancias entre los lienzos están tan bien medidas, que proponen las pausas necesarias. Todo invita a reducir el ritmo de la visita y a estar presente, porque es un montaje que entiende que la emoción necesita espacio para manifestarse.

Rothko decía que no pintaba colores, sino emociones. Pensamos que quizá por eso sus cuadros nunca terminan en el marco y sus grandes superficies cromáticas envuelven a la persona hasta hacerle olvidar que está delante de una pintura. De esta forma, el arte deja de ser un objeto para convertirse en una atmósfera y eso nos encanta, porque en nuestros proyectos siempre procuramos porque el espacio transforme cómo nos sentimos dentro de él.

Quizá esa sea la enseñanza que nos llevamos de esta visita. Recordar que un interior bien diseñado no se mide únicamente por su estética, sino por su capacidad para provocar una emoción. La luz, el vacío, la proporción, el color o el silencio son materiales tan importantes como la piedra, la madera o el tejido porque diseñar consiste, en el fondo, en construir estados de ánimo.

Salimos del Palazzo Strozzi con la sensación de haber visitado una exposición de pintura y una muestra de interiorismo. Sobre todo, porque Rothko tiene el poder de subrayar que los espacios más memorables no son necesariamente los más espectaculares, sino aquellos que consiguen que algo cambie dentro de nosotros.