Cristina Iglesias. Paisajes, la sorprendente exposición monográfica de la artista y escultora vasca en La Pedrera de Barcelona, es de aquellas que se te quedan ancladas en la retina, en el pensamiento y en los sentidos. Ha sido un privilegio poder ver sus instalaciones y, también, poder tocarlas. Porque, aunque tocar es un gesto a menudo prohibido en los museos, galerías y salas de exposición, Cristina Iglesias es consciente de que la materialidad y sensorialidad de sus obras nos invitan irresistiblemente a ello. También porque es así como acabamos de percibirlas, comprenderlas y sentirlas.
La imaginación desbordante, la audacia creativa, la sensibilidad por la naturaleza cruda, el dominio de los materiales y la versatilidad de formatos son cinco constantes que apreciamos durante la visita a la exposición. Sus corredores suspendidos, los muros calados y laberínticos nos trasladaron a las celosías de otras culturas, que juegan con la luz, filtran la mirada, crean sombras físicas y atmósferas acogedoras. Además de su estética, nos sorprendió la materialidad de estas celosías que, aunque simulan cuerdas, esparto o mimbre, están realizadas con alambre trenzado.
Iglesias cumplió con el propósito de embelesarnos con sus pozos hasta conseguir algo tan inaudito hoy en día como es perder la noción del tiempo. En estas esculturas líquidas admiramos su capacidad de crear una pieza donde lo sólido imita la naturaleza, con raíces entrelazadas y tramas vegetales petrificadas, mientras que el agua discurre por ellas generando un efecto cinético e hipnotizador.
Apreciamos también el diálogo coherente que Iglesias estableció entre sus imponentes obras y la arquitectura orgánica de la Pedrera. Para ello incluso pensó la obra Bosque mineral, creada adrede para este lugar y exposición, como una prolongación natural de las columnas de piedra de Gaudí. Nos sedujeron también sus fantasiosas habitaciones vegetales, la envolvente e incluso intimidante instalación Growth I, sus densas superficies de bronce perforadas, los murales de crecimiento entrelazado y las impresiones a modo de boceto que, por su calidad y belleza, consideramos obras en sí mismas.
Una exposición que guardamos en el recuerdo y en este Blog, por la inspiración que ha supuesto, a largo plazo. Sobre todo, por el potencial creativo de las formas y la manera tan personal de presentar las esculturas como un organismo vivo y, a la vez, sofisticado e incluso poético.