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Por suerte, una de las cosas que más disfruto en la vida es mi trabajo. Después de años de profesión y tras muchos aciertos y algunos desencuentros, creo haber conseguido depurar mi propia metodología para seguir manteniendo la máxima calidad en todos los proyectos, haciendo a la vez los procesos lo más sencillos y eficaces posible. Las claves de lo que hoy implica mi carrera se resumen en tres elementos: un buen proyecto, un buen seguimiento y grandes dosis de psicología.

Ya que me gusta la moda, utilizaré el símbolo de la alta costura y el prèt-a-porter para explicarlo. Con mi equipo, trabajamos los proyectos a la manera de la primera: diseñamos trajes a medida, hacemos el seguimiento de la confección de principio a fin, mimamos los acabados y nos implicamos emocionalmente como si el traje fuera para nosotras. Teniendo en cuenta que trabajar en el campo residencial significa entrar hasta el cajón de la ropa interior de nuestros clientes, invertimos grandes dosis de intuición y empatía, y nos mostramos siempre disponibles.

Después de todos estos años y pudiendo decir que contamos con clientes altamente satisfechos, veo claramente cómo la entrega y la responsabilidad han marcado la diferencia de nuestra forma de trabajar. Desde que empecé, una de mis máximas profesionales es: “el día que deje de preocuparme por un proyecto, por pequeño que sea, ese día me equivocaré”. Y entendiendo que un buen proyecto por sí mismo no es suficiente, sabemos entregarnos al máximo a los clientes y sus necesidades. Cada uno de ellos entiende la vivienda a su manera pero lo importante es que “el traje” ha de sentarles siempre bien. En el momento de conocernos, lo primero que pido a mis clientes es que imaginen un concepto para la casa de sus sueños: una cualidad que le dé coherencia y se adapte a su estilo personal. Y creo firmemente, que esta es la mejor manera de resolver una propuesta de interior, por lo menos es la que para mí y mis clientes mejor ha funcionado hasta ahora. Aquí explico cómo:

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Nos conocemos y nos cuentas cómo imaginas tu casa. Esta primera idea nos ayudará a entender cuál es el diseño más oportuno para tu hogar en función de tus gustos, hábitos o estilo de vida.  

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Amamos nuestro trabajo pero no podemos hacerlo gratis. Te presentamos la propuesta de honorarios junto a nuestro compromiso a la hora de adquirir el encargo. Confiamos saber transmitir en él todo lo que comporta el trabajo de una interiorista profesional. 

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Analizamos el espacio y vemos qué podemos hacer. Es el momento de ver y barajar posibilidades para sacar el máximo partido a tu futura casa. Esta es una de mis fases favoritas donde la principal intención es dar forma a tus ilusiones. 

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Te presentamos varias ideas y valoramos contigo cuál es la mejor. Después de trabajar en distintas soluciones, ajustamos los cambios necesarios y presentamos un pre-proyecto acordado contigo.

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Ahora va en serio: elaboramos el proyecto ejecutivo. Los planos disponen y aquí haremos lo imposible para que nunca tengas que volver a oír las palabras “instalación eléctrica”. 

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Diseñamos muebles en exclusiva para ti, elegimos materiales y acabados. En esta fase nos divertiremos entre muestras y catálogos, ofreciéndote la mejor calidad de nuestros artesanos y las novedades de las mejores marcas, sin caer en la tentación de la tendencia por la tendencia.  

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Nos hacemos cargo de la obra para que no tengas que preocuparte de nada. Es casi una obviedad decir que una obra es engorrosa pero no sufras, nos ocuparemos de todo de principio a fin.

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Nuestro broche final se basa en la importancia de los detalles. A estas alturas ya te habrás dado cuenta de que en nuestra manera de trabajar, los pequeños gestos marcan la diferencia.  

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Bienvenido a la casa de tus sueños. Si hemos hecho bien nuestro trabajo, tu nueva casa será el reflejo de tu forma de vida y personalidad. Abre la puerta y llénala de vivencias.
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